¿Sigues allí?

El mundo entero parece estar más interesado e informado de lo que pasa en nuestro país que nosotros mismos. Es una lástima que hayamos perdido tanto sin haber avanzado en nada más que pobreza general. Seguimos sin ver más allá de la punta del iceberg y parece que ya no importa para nadie que otro ser sufra. No hay espacio para la concientización ni la preocupación del ecosistema.

Los sentimientos, la virtud, el amor y la pasión son fantasmas que transitan las calles incalculablemente largas de la inconsciencia, cargados de un pesar y de un aura de violencia tan pesada que se arrastran por el suelo con los brazos cansados, quedando así como simples mártires olvidados e ignorados  porque nos duele afrontarlos.

Hemos bajado la cabeza ante la adversidad y nos hemos creado caparazones para ocultarnos de la realidad. Hemos dejado a un lado la creencia para dejar entrar a la impaciencia. ¿Es así como imaginabas tu vida de niño? ¿Lo has dejado ir, a ese pequeño risueño? Ya nada te impresiona ni te anima, ya ni un niño llora ¿Vale la pena una vida en la que no se vive?

El problema del país va más allá de la economía, se centra en la escacez de humanos. No poblacional, sino sentimental. Cabe destacar que tomábamos por locos a los que decian que el problema eramos nosotros. Pero siempre lo hemos sido, y siempre lo seremos si no afrontamos y detectamos cómo extamente es que aportamos para que esta vida sea tan vacia de calor.

Las caras grises y arrugadas ya no sonrien y el diccionario tiene otro sentido en nuestro vocabulario, las prioridades pasaron a nimiedades y el placer es un pecado.

Advertencias hay en cada esquina, y el miedo de no regresar vivo a casa cada tarde o mañana abunda. ¿Realmente has salido vivo de tu casa, como para temer no volver vivo a ella? Al recorrer las calles de Caracas siento que están vacías, aun más cuando me tropiezan sin cesar, las almas ya no están habitando esos cuerpos, los viajeros nos han dejado y la razón se fue con ellos.

¿Qué hacer entonces? Si todo nos ha olvidado.

Como dije al principio, el mundo entero parece estar más interesado, no han sido ellos los que se han ido o convertido en fantasmas, somos nosotros los que los hemos echado. Abre tus puertas de par en par que el miedo a morir no debe existir cuando ya estás muerto.

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